El origen de la leyenda
En el siglo XIII (año 1212), en la ciudad de Teruel (Aragón), vivían dos jóvenes: Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla (también llamado Diego).
Ellos eran amigos desde niños y, al crecer, se enamoraron profundamente. Querían casarse, pero había un problema: Isabel era de una familia muy rica y Diego era de una familia humilde. Él no tenía dinero.
El pacto de los cinco años
El padre de Isabel no quería que su hija se casara con un hombre pobre. Sin embargo, Diego no se rindió. Él le hizo una promesa a Isabel:
"Iré a la guerra para ganar dinero y honor. Espérame cinco años. Si vuelvo con riquezas, nos casaremos."
El padre de Isabel aceptó el trato. Diego se marchó a luchar en las batallas de la época, y durante cinco años, Isabel esperó fielmente en Teruel.
El regreso de Diego
Pasaron los cinco años. El padre de Isabel, pensando que Diego había muerto o que no iba a volver, presionó a su hija para casarse con otro hombre: el Señor de Azagra, un hombre rico y poderoso.
Justo el día en que terminaba el plazo de cinco años, se celebró la boda de Isabel con el Señor de Azagra. En ese mismo momento, Diego entró en la ciudad de Teruel. Había tenido éxito y traía muchas riquezas, pero llegaba unas horas tarde.
El beso mortal
Esa noche, Diego entró en la habitación de Isabel en secreto. Él estaba desesperado y le pidió un favor: — "Bésame, que me muero", dijo Diego. — "No puedo", respondió Isabel, "porque ahora soy una mujer casada y no quiero ofender a Dios".
Al escuchar la negativa de su amada, el corazón de Diego se rompió de tristeza y cayó muerto al suelo en ese mismo instante.
El final trágico
Al día siguiente, se celebró el funeral de Diego en la iglesia de San Pedro. Isabel, vestida de luto, se acercó al cuerpo de Diego para darle el beso que le había negado en vida.
Cuando sus labios tocaron los de Diego, Isabel murió repentinamente sobre él. Los dos murieron de amor.